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El concepto de música de cámara es tan amplio que puede considerarse que abarca desde un solo vocal o instrumental (como las sonatas y partitas para violín solo de Bach) hasta obras tales como los Conciertos de Brandemburgo del mismo autor o la primera Sinfonía de Cámara para quince instrumentos solistas de Schonberg.

Sin embargo, generalmente se adoptan ciertas limitaciones en el uso del término, considerando que música de cámara es aquella música compuesta para un conjunto instrumental (excluye por tanto las obras para un solo instrumento) en las que se asigna  un instrumento a cada parte y cuya extensión no supera al noneto, siendo por consiguiente música para grupos de intérpretes que pueden ser acomodados en una habitación suficientemente espaciosa (de hecho la denominación procede el italiano camera, que significa habitación).

Hay muchas combinaciones instrumentales, la más importante de las cuales es el cuarteto de cuerdas. Otros grupos usuales son el trío de cuerdas, el trío con piano, el quinteto con piano y el quinteto de cuerdas. Menos usuales son los instrumentos de viento y de metal. Algunos compositores han escrito obras para grupos mixtos de vientos y cuerdas o para instrumentos de viento solos.

Historia

La forma barroca más importante de este tipo es el trío sonata.

En el periodo clásico se desarrollaron nuevas formas, siendo la más importante el cuarteto de cuerdas. Estas obras se escribían generalmente para amateurs, y se suponía que no serían tocadas en público. Muchos de los cuartetos de cuerdas de Haydn y  Mozart, por ejemplo, eran para ser ejecutadas como diversión y en privado, para un cuarteto de cuerdas del que ellos mismos formaban parte.

Uno de los compositores responsables de llevar la música de cámara a la sala de conciertos fue Beethoven. Inicialmente él también compuso música de cámara para principiantes, tales como el Septeto de 1800, pero sus últimos cuartetos de cuerdas son obras ya muy complejas.

A lo largo del siglo XX, además de las agrupaciones tradicionales como el trío con piano o el cuarteto de cuerda, los autores tienden a escribir para formaciones mixtas de vientos y cuerdas, como es el caso del Concerto para clave y cinco instrumentos de Manuel de Falla o el Cuarteto para el fin del tiempo de Olivier Messiaen, escrito para violín, violonchelo, clarinete y piano.

También será corriente la participación de instrumentos de percusión como en la Historia del Soldado de Igor Stravinski escrita para violín, contrabajo, clarinete, fagot, corneta, trombón, un percusionista y recitador o la Sonata para dos piano y percusión de Bela Bartok.

Durante el siglo XX el concepto de música de cámara se amplía con respecto a sus orígenes. Se pierde totalmente el sentido cortesano y burgués de música palaciega o para la reunión de aficionados, convirtiéndose en una música de difícil ejecución para profesionales altamente cualificados. En múltiples ocasiones se recurre al director dada la dificultad rítmica de las obras.

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